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Son muchas las compañías que genuinamente se preocupan por hacer las cosas bien, por cuidar el medio ambiente, por mejorar las condiciones de sus empleados y por dejar este mundo un poco mejor. Sin embargo esto no siempre es tan evidente para el cliente y aunque es lo correcto, no siempre es lo más apreciado.

Por eso esta comunicación de Froosh, la compañía sueca de bebidas de fruta me parece un buen ejemplo. Este es un empaque especial que se ofrece a bordo de las aerolineas y que lleva en sí mismo la esencia de la compañía. En su anuncio se destacan dos aspectos fundamentales que quieren resaltar: 1) Somos obsesivos por la fruta, y 2) Nos importa el comercio justo. Una interesante forma de combinar el negocio con la causa, que usualmente se ven como conceptos contradictorios. De hecho el propósito superior de esta marca es la lucha contra la pobreza y así lo explican en su charla en TEDx.

La gran mayoría de marcas de jugos centran sus (indiferenciados) mensajes en exaltar su sabor, que tienen fruta de verdad (como si fuera una virtud), vitaminas y toda suerte de beneficios. En el caso de Froosh el argumento se sale del producto y se enfoca en el propósito: Comercio justo. (Similar a lo que promueve Starbucks con la compra del café). Y así lo explican:

Fruta en una misión: Comerciar sin regatear*

Al menos el 50% de la fruta que usamos en nuestros smoothies de frutas proviene de los países más pobres del mundo. Trabajamos directamente con granjeros de países tan variados como Malaui, Etiopía, Guatemala y Perú, con el fin de aportar nuestro granito de arena en la lucha contra la pobreza. Compartimos estas historias en cualquier parte y por eso decimos que nuestra fruta tiene una misión.

*Una traducción más precisa de Trade not aid sería “Comercio no caridad”

Con esto no quiero santificar a nadie, pero sí reconocer a aquellos que hacen algo y no se quedan sentados de brazos esperando que el mundo cambie por obra y gracias del espíritu santo. Admiro a aquellos que hacen que las cosas pasen. En otras palabras, cada vez más el “detrás de cámaras” importa. Y mucho. Los consumidores se están interesando en la razón por la cual las marcas hacen las cosas.

No es sólo el qué, sino el para qué. No somos simples vendedores, somos agentes de cambio. Queremos estar seguros que estamos del lado correcto y que lo que hacemos tiene sentido y sirve para algo.

Un artículo publicado en BienPensado

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