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A menudo nos sentimos frustrados porque sentimos que no hemos llegado donde se supone que deberíamos haber llegado en la vida. Y pese a que nos empeñamos en echar balones fuera y en culpabilizar a los demás de nuestro escaso olfato para el éxito, lo cierto es que si nuestros sueños continúan encharcados en el reino (inevitablemente pantanoso) de lo onírico, es gran parte por nuestra culpa.

Si hacemos caso de Inc., éstas son las razones (absolutamente brutales) por las que nuestros sueños están inexplicablemente hechos jirones (por nuestra propia culpa):

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