El alza de la “gig economy“, el término que define una nueva economía dominada por empleos flexibles, trabajadores autónomos y relaciones laborales más débiles, está permitiendo que millones de personas desarrollen su empleo en el horario que elijan y ganen dinero cuando quieran. Pero muchas de ellas también se han quedado en una especie de limbo laboral, en el que dependen de compañías como Uber y Deliveroo para gran parte de sus ingresos sin acceso a los beneficios que suelen recibir los empleados tradicionales. Bienvenidos a la ‘economíafreelance’.

Hay que hacer algo para cambiar esta tendencia. Un informe encargado por el Gobierno del Reino Unido y publicado la semana pasada sostiene que estas empresas se están aprovechando de más de un millón de personas. Se trata de trabajadores cuyo sustento depende de la economía freelanceLos empleados asumen todo el riesgo con poco o ningún apoyo de las compañías a las que sirven.

El director de la Royal Society of Arts y autor principal del estudio, Matthew Taylor, ha explicado a la BBC que el país necesita elaborar un conjunto de leyes para proteger lo que denomina como “contratistas dependientes”, es decir, personas que no son ni autónomos ni empleados fijos. El criterio clave para esta distinción consiste en si una empresa “controla y supervisa” a un empleado, o no.

Taylor afirma: “Si usted está siendo controlado y supervisado, entonces probablemente usted es un trabajador y debe gozar de los derechos de los trabajadores“. Por su parte, la primera ministra británica, Theresa May, hizo eco en gran parte de los comentarios de Taylor al afirmar que la economía del país debe seguir siendo “abierta e innovadora” ante un mercado de trabajo cambiante.

El informe es, en el mejor de los casos, un pequeño paso hacia un cambio significativo. Al otro lado del charco, en EEUU, el senador de Virginia, Mark Warner, propuso un proyecto de ley que asignaría casi 18 millones de euros para estudiar un posible sistema de beneficios para los trabajadores de la economía freelance. Mientras tanto, a pesar de la resolución ocasional de demandas colectivaslos empleadores siguen eludiendo las consecuencias de tratar a su fuerza laboral como no empleados. Y aunque el informe del Gobierno británico muestra que el 60% de las personas que se identifican como trabajadores de la gig economy están contentos con su flexibilidad, llegados a este punto, es bastante indiscutible que las compañías se estén esforzando mucho para, como dice Taylor, controlar y supervisar a esos trabajadores, a veces incluso sin su conocimiento ni siquiera.

(Leer más: BBCThe AtlanticLa ‘gig economy’, o el trabajo que viene, también es racista y sexista)

Un artículo escrito por Michael Reilly

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