No todos opinamos, pensamos o sentimos igual. Pero un efecto psicológico nos hace creer que hay más gente de acuerdo con nosotros de la que realmente existe. Es lo que se conoce como efecto del falso consenso.

A todos nos gusta sentirnos aceptados o que formamos parte de un grupo. Es un instinto, el de vivir en sociedad y sentirnos arropados, con el que nacemos y que nos da alas para sentirnos cómodos y fuertes ante los desafíos de la vida.

Sin embargo, este sentimiento de cohesión social no siempre es tan positivo como se piensa, especialmente cuando su percepción está completamente alejada de la realidad. Una manipulación de la verdad que hacemos inconscientemente en el momento en que entran en juego nuestros prejuicios y el ego de cada cual.

Pongamos un ejemplo fácil de comprender: todos tendemos a pensar que nuestras ideas y valores no sólo son las mejores, sino que gozan de una aceptación mayoritaria en la sociedad. Nos consideramos parte de una “corriente principal de opinión”, pese a no serlo. Y tratamos de buscar otros con premisas similares que nos ayuden a confirmar la hipótesis de que estamos en el grupo que lidera el imaginario colectivo.

Es lo que se conoce como ‘efecto del falso consenso’. Se trata de un fenómeno psicológico (desarrollado por Gustave Le Bon, Freud o Jean Piaget) por el cual tendemos a pensar que el resto de personas que nos rodean perciben, procesan y opinan lo mismo que nosotros respecto a un determinado tema, incluso pese a que no tengamos ninguna prueba de ello. O, dicho de otro modo, solemos asumir que el resto de la sociedad ha pasado por las mismas experiencias y posee el mismo conocimiento que nosotros y, por ende, llegará a las mismas conclusiones vitales que estamos alcanzando en nuestro caso particular.

Proyecciones hacia el exterior que, obviamente, casi nunca son correctas. Obviamente, en la mayoría de los casos, los sujetos no creen que todo el planeta piensa igual que ellos, pero sí sobreestiman de forma notoria el número de adeptos con que cuentan.  Un simil bastante apropiado es el de una burbuja, burbuja ideológica para ser más exactos, que nos hace entrar en grupos de opinión muy similares a la nuestra y que, intrínsecamente, nos hacen creer que también lo que está fuera de ese círculo comparte nuestro mismo parecer en su mayoría.

Aunque todavía no se saben las causas exactas por las que solemos exagerar el número de personas que apoyan nuestras ideas (van desde factores motivacionales hasta sesgos informativos), sí que se conocen sus efectos en el ámbito empresarial. Y es que, pese a todo lo que se habla sobre creación abierta y colaborativa, lo cierto es que al final las ideas y proyecciones de todos los empleados de una compañía acaban pareciéndose demasiado. O, al menos, eso es lo que pueden llegar a creer parte de los líderes, menoscabando así cualquier posible nota discordante o idea que se salga de sus parámetros mentales. 

Por no hablar de su impacto cuando esta sobreestimación del consenso se aplica de cara a los clientes: pensar que los consumidores sienten y opinan igual que nosotros no solo es un error, sino que puede llevar a problemas financieros graves si se toman decisiones agresivas sin fundamento real.

Cómo evitar el ‘efecto del falso consenso’

No es fácil abandonar estos prejuicios que, por otro lado, nos ayudan a afianzar nuestros valores e ideas, además de aumentar nuestra autoestima y confianza personal. Sin embargo, cuando este ‘efecto del falso consenso’ afecta de forma directa a nuestra actividad cotidiana, es necesario intervenir para corregir esta visión distorsionada de la realidad.

El primer paso es salir de la burbuja ideológica y social en que nos encontramos. Mucha gente apela a esto como ‘salir de la zona de confort’ y no es más que descubrir nuevas personas con opiniones y formas de ver el mundo completamente distintas. En el caso profesional, consiste en abrir el círculo de discusión a gente ajena al proyecto o incluso a la empresa para que aporten luz fresca al trabajo que estamos realizando.

Por supuesto, y en relación con el punto anterior, es fundamental un cambio de mentalidad para que dejemos de asumir estereotipos y comencemos a preguntarnos y repreguntarnos todo. Esa nueva actitud, interrogativa y que no da por supuesto la realidad, es fundamental para evitar el ‘efecto del falso consenso’.

Escrito por Alberto Iglesias Fraga

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