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Cuando alguien decide dar portazo a un puesto de trabajo, lo hace muchas veces impelido por la antipatía (y hasta odio) que le inspira su superior más directo. De hecho, según un reciente estudio llevado a cabo en Estados Unidos por la empresa de investigación de mercados Gallupel 50% de quienes abandonan su empleo lo hacen para perder de vista a su jefe y mejorar su bienestar tanto personal como profesional

Los jefes malos se cuentan desafortunadamente por docenas en los entornos profesionales, pero los peores (los más duros de pelar) suelen reunir las características (tóxicas) que disecciona a continuación Inc.:

1. Miran sobre todo y ante todo por sí mismos
A los jefes tóxicos no les interesa lo más mínimo la misión de la empresa que dirigen. Y pasan también (olímpicamente) de los equipos a su cargo. Su única obsesión es rendimiento a nivel individual (y los jugosos bonus asociados a ese rendimiento).

2. Acaparan todos los flashes
Cuando algo realmente bueno y positivo sale de los equipos liderados por jefes malos, estos se las ingenian para llevarse todo el crédito por el trabajo bien hecho. Y se olvidan, ni que decir tiene, de felicitar a su equipo y reconocer su contribución a los éxitos globales de la empresa.

3. Nunca están equivocados
Un jefe tóxico rara vez admite que ha cometido un error y está más preocupado por salvaguardar su propia reputación que por asumir responsabilidades.

4. No saben muy bien hacia dónde se dirigen
Un mal jefe dice una cosa el lunes para decir otra totalmente contraria el miércoles (y lo hace a menudo sin comunicar sus anárquicos cambios de opinión a sus subordinados).

5. Les encanta el control
Los malos jefes pecan a menudo de incurrir en la fastidiosa práctica del “micromanaging”. Les gusta controlar todas y cada una de las decisiones de las personas a su cargo, desconfían a todas luces de sus empleados y les cuesta delegar. En una atmósfera tan trufada de tensión se hace prácticamente imposible para los trabajadores dar su parecer debido al estilo autocrático de liderazgo de sus jefes.

6. Practican el “bullying”
La agresividad, tanto verbal como física, en la que incurren algunos jefes socava la seguridad en los entornos laborales y fuerza a los empleados a dejar apartada su propia productividad para perpetrar acciones de carácter defensivo.

7. Nunca están cuando se les necesita
Los jefes tóxicos acostumbran a encerrarse entre las cuatro paredes de sus despachos, evitan toda interacción personal con sus trabajadores y se parapetan tras innumerables e innecesarias reuniones para enmascarar su inseguridad y su miedo a entrar en conflicto. A este tipo de jefe sólo le interesan las buenas noticias. Y cuando hay problemas suele poner pies en polvorosa.

8. Pecan de narcisistas
Los jefes narcisistas se apoyan a menudo en el desprecio y el desdén para hacer sentir a las personas a su cargo como si fueran unas perdedoras y enfatizar así su supuesta cualidad de ganadores. No dudan en menospreciar los logros de sus empleados, a quien ridiculizan a veces en las reuniones. Y cuando necesitan algo de sus trabajadores, tienden a colgarse del brazo del lenguaje amenazante.

Via: Marketing Directo

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