Evangelistas de marca: 5 características que definen a los profesionales de la inspiración

Para las grandes compañías tecnológicas, los desarrolladores son casi tan importantes como los consumidores. Apple o Facebookasí o han demostrado dedicando dos de sus grandes citas anuales, la WWDC y el F8, a este sector del mundo digital.

Y es que, en un mundo de apps y plataformas, solo aquellos capaces de convencer a los desarrolladores serán los grandes ganadores. Esta misión no es fácil, aunque, Silicon Valley guarda un as bajo la manga: los evangelizadores de producto. 

Esta figura popularizada a raíz de la batalla por conquistar a la comunidad “developer” se ha convertido en una apuesta segura para los más importantes imperios digitales. Se trata de equipos cuyas habilidades son el resultado de la hibridación del marketing, ventas, negocio, desarrollo y comunicación.

Funcionan como el nexo de unión entre el ámbito más técnico de un producto y el más funcional. Este papel de traductor entre la empresa y el usuario se vuelve enormemente valioso para las compañías pues, al entender las características más técnicas de un producto o servicio, también es capaz de hacerlo brillar ante el público de una manera innovadora y única.

Pero, ¿qué diferencia a un verdadero evangelista de marca de un simple vendedor de humo?

1. Ser inspirador
Un verdadero evangelista debe ser capaz no solo de crear historias inspiradoras, sino ser en sí mismo inspirador para el público gracias a su carisma.

Dos ejemplos de ello son Guy Kawasaki, que fue el primero en autodenominarse evangelista de Apple y Robert Scoble cuyo trabajo para Microsoft le llevó a ser una de las figuras más respetadas de la industria tecnológica.

Su diferenciación reside en haber sido capaces de hacerse un hueco, de llamar la atención con una historia inspiradora en una industria altamente competitiva en la que hay lanzamientos de nuevos productos casi cada día.

Pero este mensaje no solo debe inspirar a aquellos que escuchan desde fuera, sino también a los que están dentro, a los propios empleados que son, al fin y al cabo, los mejores prescriptores de marca.

2. Ser transparente
Conseguirlo dependerá en buena medida de la transparencia que exista en el seno de la compañía. Solo así se puede crear y arraigar una historia que hable de pasión y no (solo) de producto.

Esto fue lo que hizo Kawasaki en los años 80 y 90 con el Macintosh a través de un mailing que revolucionó la industria del marketing por su poder para llegar a los consumidores de manera única y conseguir convertirlos en auténticos evangelizadores de forma natural.

En esta tarea tuvo mucho que ver la transparencia porque dejó a un lado la comunicación unidireccional para hacer partícipes a los consumidores en el rumbo de Apple.

De la misma manera subió a la cima de la evangelización Scoble cuya honestidad en todo lo relacionado con la industria, incluso en las horas más bajas de Microsoft, le convirtió en uno de los profesionales más valorados.

3. Tener capacidad de adaptación constante
La innovación es, hoy en día, una obligación para cualquier compañía tecnológica y no solo aplicada a sus productos, sino también a sus discursos e historias.

Los consumidores cambian de mentalidad, de opinión y de hábitos y las marcas y sus mensajes deben hacerlo, al menos, al mismo ritmo adaptándose a la personalización que exige el público, a las características de los diferentes canales de comunicación, a la situación del mercado o a la percepción que se tiene de la marca.

Un evangelizador no solo puede presumir de tener un ADN camaleónico. sino que, es capaz de adelantarse y sentar precedentes, definir las nuevas reglas del juego y ser pionero en el establecimiento de nuevas relaciones con los consumidores.

4. Contar con una opinión muy definida
Aunque la mayoría de las marcas tienden a no “mojarse”, lo cierto es que las opiniones son importantes porque humanizan y ayudan a colocar a una marca en primera línea, incluso cuando sean controvertidas.

Opinión es sinónimo de pasión, pero se trata más bien de detectar las tendencias y extraer la mejor perspectiva para, a partir de ahí, crear un nuevo mensaje manteniendo la autenticidad, la identidad y el carácter de marca.

5. Conectar
Estas historias inspiradoras, transparentes, adaptativas y opinadas no solo deben quedarse reducidas a un solo departamento, sino que deben ser utilizadas para conectar las distintas áreas dentro de una compañía con el objetivo de aportar coherencia al mensaje global.

Un mensaje que, lejos de nacer de manera interna, procede del exterior, del primer y más importante eslabón de la cadena: los consumidores.

Son ellos los que marcan las necesidades que la tecnología debe satisfacer y, por lo tanto, es con ellos con los que hay que conectar de una manera profunda y muy humana.

Porque, según Kawasaki “el evangelista no busca hacer dinero, sino hacer historia; no busca la venta, sino la conversión; no impone, expone; no busca la cuota, sino cambiar el mundo”. El evangelista no tiene horarios, ni lugares de trabajo porque el evangelismo “no es un título profesional, es una forma de vida”.

Vía: Marketing Directo

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