Haciendo clic en estos 4 botones (ocultos) los marketeros pueden vender lo que sea

Los marketeros que saben realmente lo que se hacen contemplan el marketing como un arte y con una ciencia a partes iguales.

Colgándose del brazo de la psicología (que es una ciencia de probadísima eficacia), los marketeros pueden echar sus tentáculos en la mente del consumidor y vender cualquier cosa (hasta lo aparentemente más inimaginable).

Para persuadir al consumidor de comprar sus productos las marcas deben pulsar los 4 botones ocultos (y agazapados en la psique humana) que disecciona a continuación Inc.:

1. El botón de la solución

La gente no compra productos. Compra soluciones. Y si las marcas se las ingenian para convencer al cliente de que sus productos son la solución a los problemas que le acucian, éste no tardará en abrir las orejas y posteriormente los bolsillos.

Si los marketeros hacen hincapié en las soluciones que brindan sus productos a los problemas del cliente, éste se rendirá probablemente a sus pies.

2. El botón de la confianza

La confianza en un componente absolutamente clave a la hora de cerrar una venta, y ya de sea de manera consciente o inconsciente, todos los consumidores desean estar 100% seguros de que están haciendo tratos con una fuente convenientemente legitimada.

Para activar el botón de la confianza hay que convencer al consumidor de que la marca es una autoridad, alguien en quien merece la pena depositar su confianza.

Si la marca logra metamorfosearse en una autoridad (o cobijarse bajo la sombra de la autoridad de un tercero), estará en posición de vender casi cualquier cosa al cliente.

3. El botón de la conexión

Como seres humanos que somos tendemos a sintonizar con aquellos con quienes compartimos creencias e ideologías y alejarnos de quienes son dueños de pareceres contrarios.

Por eso precisamente los consumidores prefieren comprar productos y servicios a aquellas marcas que, por cercanía, resultan de su agrado y despiertan sus simpatías.

Esta es la razón por la que incidentes como el protagonizado el año pasado por United Airlines se traducen en auténticos descalabros (con números contantes y sonantes) para las marcas y por la que a las empresas les encanta hacer alarde de sus actos de filantropía.

Al consumidor le gusta sentir que las marcas en quienes tienen a bien invertir su dinero son sus amigas y que, como tales, se toman la molestia de escucharle y adaptar sus productos y servicios a sus particulares necesidades.

4. El botón de la evidencia

La gente se muestra a menudo escéptica a la hora de comprar porque está reconcomida por la duda, la duda sobre la eficacia del producto que se dispone a adquirir. Y es precisamente esa incertidumbre la que lleva realmente al límite al consumidor, haciéndole incapaz de tomar una decisión (y por ende, de comprar).

Para hacer trizas esa incertidumbre las marcas deben agasajar al consumidor con razonamientos lógicos, datos cuantitativos y testimoniales que validen y revistan de certeza a las bondades de sus productos.

Cuando la evidencia entra en la ecuación, las marcas lo tienen más fácil para llevarse a su propio terreno al consumidor.

Vía: Marketing Directo

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