8 “no tendencias” de marketing que jamás de los jamases morirán

El universo del marketing está lleno a rebosar de tendencias y “palabros” tan rimbombantes como huérfanos de sentido, pero ¿y si dejáramos al margen las modas para fijar la mirada en aquello siempre ha funcionado (y sigue funcionando) en la industria marketera?

Hay determinadas tendencias (o más bien “no tendencias”) que, ajenas al paso del tiempo, se precian de ser eternas y de agasajar con excepcionales resultados a todas aquellas marcas que deciden clavar en ellas sus ojos. A continuación, y de la mano de Muse, repasamos algunas de esas valiosísimas “no tendencias”:

1. Ser diferente

Este viejo truco es más viejo que Matusalén, pero aun así es pasado por alto por no pocos marketeros. Desde que allá por los años 80 Apple estrenara el legendario spot “1984” e invitara al espectador a pensar diferente, muchísimas empresas han tratado de mirarse en el espejo de la empresa de la manzana (y se han topado de bruces miles de veces con el fracaso).

¿Por qué? Básicamente porque ser (y pensar) diferente es abrazar ideas que la razón catalogaría automáticamente como malas, pero que precisamente por ello son geniales (o al menos lo son a veces). Pensar diferente es arriesgar y el riesgo sume inevitablemente en el vértigo a muchas marcas.

En un mundo, el publicitario, en el que todo el mundo hace lo mismo, merece la pena perder de vez en cuando la cabeza para hincar el diente a lo diferente, a lo que nadie en su sano juicio haría.

2. Las empresas no dejan de ser personas

Las marcas son las personas que hay parapetadas detrás de ellas y son esas personas las que toman las decisiones (donde laten no pocas veces sus corazones).

Para enamorar al consumidor las marcas deben necesariamente apoyarse en las relaciones con aquel que pretenden convertir en su cliente. Y esa relación emana de pequeños gestos (un regalo de agradecimiento, un comentario en las redes sociales o una respuesta rauda y veloz a un problema).

Puede que hayamos abierto de par en par las compuertas de la digitalización, pero las marcas no podrán renunciar jamás a su humanidad si quieren continuar teniendo de su parte al consumidor.

3. Escuchar al cliente

Las marcas deben tomarse la molestia de hacer preguntas al cliente y escuchar con suma atención sus respuestas para satisfacer más plenamente sus deseos y necesidades.

Incorporar el “feedback” del cliente al desarrollo de productos y servicios y también a las historias que brotan de tales productos y servicios es un “must” irrenunciable para las marcas.

4. Contar historias

Las marcas deben explorar sus propias entrañas para descubrir aquello que las hace realmente únicas e hilvanar en torno a ello una historia.

De todos modos, las historias no tienen que pivotar necesariamente en torno a las marcas para conectar con la audiencia. En realidad son mucho más eficaces aquellas historias en las que el protagonista es alguien que personifica los mismos valores de los que es portadora la marca que hay tras la trastienda.

5. Ser generoso

Cuando compra un producto, al consumidor le gusta sentir que éste sirve para mucho más que para cubrir una necesidad más o menos específica (y puramente personal) y que en último término ayuda también a hacer del mundo un lugar un poco mejor.

Que las marcas sean socialmente responsables puede ser una fenomenal estrategia en términos de negocio. Eso sí, la responsabilidad debe estar anclada en el ADN de la marcas para echar realmente brotes verdes. Aquellas marcas que precian de ser responsables única y exclusivamente de cara a la galería están abocadas a ser desenmascaradas tarde o temprano (y a pagar muy cara la engañifa).

6. Soñar a lo grande, pero pensar en pequeño

Esta “no tendencia” es todo un clásico al que la parca jamás osará clavar su guadaña. En lugar de poner el foco en todo el mundo para definir la que van a convertir en su audiencia, las marcas deben concentrarse en audiencias más pequeñas, en aquellas que mejor se ajustan a las características de sus productos y servicios.

Una vez definidas y categorizadas esas audiencias más pequeñas hay que brindar a tales audiencias mensajes personalizados y que estén en sintonía con sus propios valores.

Si las marcas se sienten alguna vez atrapadas en el abismo de la mediocridad, lo mejor para salir del agujero es pensar en pequeño (este es el primer paso para terminar soñando a lo grande).

7. Apoyarse en los datos, pero sin dejar de confiar en el instinto

Con los datos a modo de red a su vera los marketeros pueden permitirse el lujo de probar aquellas ideas que nacidas del instinto pocos se atreverían a implementar sin el beneplácito de los “insights” extraídos del “data”.

Las matemáticas sirven para domeñar al instinto y constatar si éste tiene o no razón de ser (aunque sea parcialmente).

8. Deje a la gente con ganas de más

Si consigue que, arrebatado por la delectación que les inspiran sus mensajes, el cliente vuelva una y otra vez a por más, lo tendrá todo ganado en el marketing.

Vía: Marketing Directo

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